La verdad palaciega
Como muchos presidentes de comisiones investigadoras parlamentarias de la historia, Víctor Andrés García Belaunde se propone también “llegar a la verdad, caiga quien caiga”, en el Caso López Meneses.
Si desea conservar el optimismo que refleja su entrevista con Milagros Leiva, García Belaunde debería entender que hay más elementos por descubrir a la vista del poder político que debajo de sus alfombrados.
Quien podría hacerle la mitad del trabajo es el propio Ollanta Humala, no porque tenga que ver directamente con lo que García Belaunde busca, sino porque el presidente, para decirlo en palabras simples, es demasiado considerado con quienes no lo son con él.
Muchos de los comprometidos en el caso (creación de condiciones de protección e infiltración oficial a favor de un ex operador de Vladimiro Montesinos) no solo gozan de poder e impunidad, sino de la sombrilla de confianza de Humala y Nadine Heredia, como José Urquizo, ex ministro de Defensa.
Hace rato que Humala debió hacer cantar a Adrián Villafuerte, al general Raúl Salazar y a Urquizo toda la verdad sobre cómo le abrieron las puertas del gobierno, el Congreso, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional al ahora retirado coronel Oswaldo Zapata, y este a su vez a Óscar López Meneses.
Lejos de estar sentados en un sillón como el de Beto Ortiz, sufriendo el shock de un exorcismo político frente a la pareja presidencial, todos ellos pasan piola y la vista gorda de la ley.
Una suerte de autotortura y victimización invade el fuero político íntimo de Humala y Heredia. ¿Complacencia masoquista y paralizante con la desgracia de tener al montesinismo con un pie dentro del gobierno?
Así, mientras Humala enfrenta el nivel más bajo de aprobación de su gobierno, se pierden los registros de ingreso del penal San Jorge y no pasa nada; la bancada de su partido, Gana Perú, resuelve suspender a Urquizo en lugar de ponerlo, con rápido desafuero de por medio, camino a la fiscalía; el coronel Oswaldo Zapata se ha paseado como Pedro por su casa en los predios militares, se le pasa al retiro y ahí acaba todo; se descubre la vinculación montesinista del jefe de seguridad del Congreso, Estuardo Loyola Machado, llevado a ese puesto por el legislador Daniel Abugattás, y nadie desde palacio ordena un control de daño.