Publicado en EL COMERCIO el 10/03/2019

Los cuatro Vizcarra, por Juan Paredes Castro

No sabemos si quien asuma ahora la PCM conozca tanto a Vizcarra como lo conoce Villanueva. En todo caso, será quien acompañe la mirada presidencial puesta en el 2021.

Martín Vizcarra

El trasfondo destacado en la renuncia del primer ministro César Villanueva no es otro que el agotamiento de su ciclo como sostén y bisagra entre bambalinas de Martín Vizcarra.

El acento grave que puso durante largo tiempo la presidencia en la lucha anticorrupción y la confrontación política dejó a Villanueva y a la PCM sin campo de maniobra propiamente gubernamental, a tal punto que ahora, en su pérdida de aprobación, Vizcarra recién descubre que la gestión de ministros y ministerios, aunque no reditúe popularidad, es indispensable para el país.

¡Nunca debió dejar de ser indispensable! El síndrome de ‘encuestitis’ que padece Vizcarra ha obligado a este, ante el bajón de marzo, a un aterrizaje forzoso que incluye precisamente un cambio urgente de rumbo y tripulación, antes de que el vuelo siguiente a mediana o baja altura y sometido a turbulencia constante presente nuevos obstáculos en su trayecto.

No sabemos si quien asuma ahora la PCM conozca tanto a Vizcarra como lo conoce Villanueva. En todo caso, será quien acompañe la mirada presidencial puesta en el 2021, ya sea como punto de llegada de objetivos gubernamentales o como punto de enroque de objetivos electorales, hoy negados.

Por lo pronto, en la actual escala de emergencia política no encontramos en el presidente a un solo Vizcarra, sino a cuatro.

El Vizcarra 1 es todavía reconocible como el gran impulsor de una cruzada anticorrupción que logró remover los cimientos del Legislativo, del Poder Judicial y del Ministerio Público, menos, lamentablemente, los cimientos de la administración estatal, donde empresas como Odebrecht se movieron como Pedro por su casa. No haber puesto cerrojos anticorrupción en ese terreno y no haber aclarado algunas relaciones empresariales propias que lo comprometen tiñen de gris la presidencia.

El Vizcarra 2 encarna un grave vacío de conducción de gobierno y Estado. Hace casi honor a la antigestión de políticas públicas, como si solo le importara la cruzada anticorrupción. Gobernar bien supone muchas veces tomar decisiones impopulares cuyos riesgos el mandatario se ha negado a correr, tales como dar luz verde a inversiones mineras que caciques regionales sabotean permanentemente.

El Vizcarra 3 parece mirar el horizonte crucial del 2021 no como una meta clave a la que deberíamos llegar, por ejemplo, con un crecimiento económico del 6% que nos permita distribuir en Educación, Salud y Seguridad (en mayúsculas), sino como un tiempo electoral estratégico. Con un sesgo así es más factible que Vizcarra siga detrás de temas y escenografías de impacto –atados a las encuestas–, que detrás de un proyecto de gestión gubernamental realmente sólido y creíble.

El Vizcarra 4, más emparentado con el Vizcarra 1 y 3, viene de sembrar vientos y cosechar tempestades. En su combativo y distorsionado frente anticorrupción tendió a ver la paja en ojos ajenos y no la viga en los propios.

Si a partir de su nuevo vuelo insiste en esta tendencia, nuevas cosas se pondrán a luz sobre su pasado empresarial, y en tanto insista también en no esclarecerlas, el fantasma de la vacancia estará en manos de sus peores adversarios.

JPC

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