Los dilemas de Vizcarra y Villanueva, por Juan Paredes Castro
Es Vizcarra quien tiene que infundir desde arriba la autoridad y confianza que demanda el país.

L os dilemas son parte de la vida corriente de la gente, pero en el ejercicio del poder requieren de un manejo inteligente, orgánico y resuelto. No precisamente descuidado.
No importa el dilema que se afronte, si, por ejemplo, debemos generar un ‘shock’ institucional desde la iniciativa del gobierno con X ventajas o hacerlo desde la iniciativa del Congreso con Z riesgos. El objetivo final es generar un ‘shock’ institucional con una reforma política fundamental.
Lo preocupante es que el presidente Martín Vizcarra y el primer ministro César Villanueva anden de dilema en dilema, llenándose de dudas e indecisiones. Pudieron evitar la renuncia del ministro de Economía, David Tuesta, y la lamentable emisión de señales de desconfianza que siguió a ella. Bastaba que manejaran sagazmente el dilema de cómo cerrar la brecha fiscal: si con más impuestos o más restricción del gasto público, o con una combinación gradual de lo uno y lo otro. De lo que se trataba era de alcanzar un firme y duradero equilibrio entre ingresos y egresos.
La crisis presidencial que comenzó con Kuczynski salvado de la vacancia a cambio del indulto a Alberto Fujimori y terminó con Kuczynski fuera del poder a manos de quienes lo defendieron –entre ellos Kenji Fujimori, ahora fuera del Congreso– tuvo que pesar mucho sobre Vizcarra y Villanueva. Pero ya procesados los impactos y los fantasmas de esa crisis, Vizcarra y Villanueva no pueden estar esperando una terapia política que los traiga de vuelta a la realidad y los aleje de la nostalgia provinciana de cuando fueron gobernadores de Moquegua y San Martín, respectivamente.
Es Vizcarra quien tiene que infundir desde arriba la autoridad y confianza que demanda el país. Es Vizcarra quien tiene que tender puentes sobre la fractura política del sistema democrático. EsVizcarra quien tiene que atenuar la polarización radical para que diálogo, concertación y consenso puedan funcionar.
Vizcarra y Villanueva tendrían que ser los conductores de un proyecto de convivencia política que haga menos fatigados los días de los electores del 2016, a quienes la clase política del país (la que tenemos) debería devolver la esperanza de una mejor delegación de poder presidencial y parlamentario el 2021.
¿Qué le impide a Vizcarra ser un factor de unidad sin perder autoridad y decisión? Lo triste sería que mantuviera sus actuales continuos estados de dilema, que hacen que no sepamos adónde realmente nos lleva su gobierno.
Dialogar con todas las fuerzas políticas no lo va a convertir en títere de algún partido. Articular acciones efectivas entre policía, fiscalía, procuradurías y administración judicial para que haya menos criminalidad y más seguridad no lo hace menos presidente ni menos jefe del Estado. Ponerse a la cabeza de una decidida estrategia policial–militar y de inteligencia en el Vraem siempre será mejor que presidir cortejos fúnebres de soldados y oficiales muertos en las emboscadas del narcoterrorismo de esa zona.
¿Qué es eso de evaluar nuevos cambios en el Gabinete? ¿Perderse en otro grave dilema y meter al país en otra incertidumbre?